Próximo reto: LA GESTIÓN DE LA ENERGÍA

Y, ¿por qué la energía como un catalizador del desarrollo de la UE? Porque los europeos casi siempre hemos sabido hacer, a lo largo de la historia, de la necesidad virtud y ahora lo podremos hacer todos juntos y para ello disponemos de unos recursos humanos y materiales absolutamente imbatibles. La Europa en paz y unida siempre ha salido reforzada de los desafíos. Hemos creado el sector automovilista más competitivo del mundo a partir de los años de escasez a finales de los 40. Casi todos los grandes avances en esta industria han nacido en Europa forzados por unas circunstancias adversas. Diseñamos y fabricamos vehículos robustos, asequibles y de bajo consumo así como los automóviles premium más exclusivos del mercado. Introdujimos innovaciones tales como el motor Diesel, la tracción delantera, el montaje transversal del motor, los neumáticos sin cámara, la inyección electrónica, los vehículos eléctricos, el sistema antibloqueo (ABS) y otras muchas innovaciones que han conseguido crear un sector potente y que provee miles de empleos directos e indirectos.

Podríamos citar también otros logros industriales en los que somos líderes tales como ferrocarriles, aeronáutica, aeroespacial, construcción naval, equipamiento eléctrico, robótica, telecomunicaciones, productos farmacéuticos y un largo etcétera. de 7 2 lunes, 11 de enero de 2021 Estos logros han sido posibles gracias sobretodo a nuestro más preciado recurso, el factor humano, es decir al alto grado de cualificación de nuestra mano de obra, la ingente inversión en investigación y desarrollo y la creatividad y habilidades de nuestras empresas así como del estímulo de las políticas industriales de las administraciones europeas, nacionales y locales.

Sin embargo, Europa ha sufrido en las últimas décadas una permanente escasez de recursos energéticos propios principalmente de hidrocarburos. La producción autóctona, principalmente localizada en el mar del Norte, es claramente insuficiente y nos ha forzado a importar ingentes cantidades de gas y petróleo de países productores muchos de los cuales no solamente forman parte de un monopolio de oferta (OPEP) sino que están situados en áreas de gran inestabilidad política. Además, hemos carecido de una política energética común, como la que disponemos en el sector pesquero o agrario, que nos ha impedido utilizar todo nuestro potencial político y económico. La alta volatilidad de los precios de estos combustibles y las fluctuaciones del dólar han contribuido a trasladar un factor de inestabilidad a los costes de los inputs de nuestros productos industriales y de transporte.

Ante este desafío colosal, los países europeos (unos más que otros) comenzaron a implementar políticas de ahorro energético y de identificación y desarrollo de energías alternativas, principalmente renovables, con el apoyo de la UE. Las políticas de ahorro energético aplicadas a los procesos industriales, al transporte, a la agricultura y al consumo de los hogares consiguieron una reducción sustancial de la intensidad energética que la podríamos definir como el ratio entre la energía consumida por un país o región, medido en unidades equivalentes de petróleo y el PIB generado en ese territorio expresado en millones de euros.

La casuística de los diferentes países en esta materia es muy variada. Se da la circunstancia que países con un gran desarrollo y productividad como EE.UU. muestran una baja eficiencia energética y otros como Alemania o Francia compatibilizan una alta productividad con una notable eficiencia energética. En suma, EE.UU. es menos eficiente energéticamente que Alemania, porque no ha invertido lo suficiente en políticas de ahorro energético (dispone de abundante y asequible energía). Si se presenta una crisis inesperada y el precio del crudo sube considerablemente los países con una alta intensidad energética van a ver sus costes de producción seriamente afectados y si la situación persiste en el tiempo podrían sufrir una severa pérdida de competitividad.

En paralelo, Europa ha desarrollado hasta el límite posible los recursos hidráulicos de sus cuencas fluviales y los del carbón de sus minas para la generación de energía eléctrica pero obviamente no ha sido suficiente. Además, como la combustión del carbón tiene un efecto nocivo para el medio ambiente su contribución ha ido descendiendo progresivamente. En 2019 la energía eléctrica generada de origen hidráulico representó el 12,3 % de la total y la generada a partir de carbón (tanto europeo como foráneo) y otros combustibles fósiles sólidos el 20%. de 7 3 lunes, 11 de enero de 2021

A partir de los años 60, la energía nuclear empieza a jugar un papel muy importante sobretodo en Francia, Alemania y España y desde entonces ha contribuido, a pesar de la resistencia de una parte de la opinión pública, a la contención de la factura del petróleo, a frenar el efecto invernadero, a reducir la dependencia energética y a aportar una estabilidad al sistema eléctrico europeo interconectado al tratarse de una tecnología con un altísimo factor de disponibilidad (funcionamiento ininterrumpido). En el año 2019 la energía eléctrica de origen nuclear generada representó el 26,7% de la energía total generada en la UE. Merece la pena destacar que este porcentaje se alcanzó con solo el 11% de la potencia total instalada debido al citado factor de disponibilidad.

En cuanto a la energía eólica, es hoy en día la gran esperanza de las energías renovables sobretodo la offshore (constituida por parques eólicos marinos que disponen de viento intenso y constante y que al tratarse de un aire cargado de humedad su empuje sobre las palas de los aerogeneradores es muy superior al de los instalados en tierra o onshore). Aunque esta tecnología comenzó en las zonas rurales remotas de los EE.UU. en el siglo XIX, alcanzó cierto grado de implantación en la Dinamarca rural a partir de 1910, favorecida por un territorio muy llano y con vientos casi permanentes desde el mar Báltico hasta el mar del Norte. Como consecuencia de la primera crisis del petróleo después de la guerra del Yom Kippur en el otoño de 1973 y el boicot de la OPEP a Israel, el precio del petróleo sufrió una descomunal escalada que afectó de lleno a la economía danesa con gran dependencia del petróleo en esa época, hasta el punto que su parlamento tomó la decisión de legislar a favor del desarrollo de fuentes energéticas renovables en detrimento de los hidrocarburos.

En 1978 la compañía danesa Vestas (líder mundial) instaló el primer aerogenerador de 3 palas y de 2 MW de potencia del mundo y comenzó una carrera que fue seguida por otros países europeos como Alemania, España, Portugal, Italia entre otros, hasta nuestros días en los que la potencia total instalada en Europa es del orden de 205 GW de los que 61 corresponden a Alemania, 25 a España, 23 a GB y 6,5 a Dinamarca . 1 La potencia eólica instalada en Europa representa hoy más del 20 % de la total y cerca del 15% del consumo total. Se considera, junto a otras iniciativas, el pilar de la estrategia del Green Deal para la descarbonización total que garantice en 2050 la neutralidad climática de Europa. Como seguramente habréis podido observar, los aerogeneradores forman parte del paisaje en grandes áreas de Europa y aparte de los beneficios y logros descritos anteriormente, su diseño, fabricación, mantenimiento y explotación generan una ingente cantidad de puestos de trabajo de alta cualificación y el desarrollo de modernas tecnologías en la ingeniería mecánica, tecnologías de la información y comunicaciones, redes inteligentes de energía eléctrica, electrónica de potencia y la fabricación avanzada, entre otras.

Para este Green Deal se cuenta además con otras energías renovables que han empezado ha tener cierto peso en la oferta actual y excelentes expectativas para el futuro. Nos referimos a la energía solar que consiste en la transformación de la radiación solar en energía eléctrica prioritariamente o calor. Los paneles solares de silicio, que empiezan también a formar parte de nuestro paisaje rural y urbano, fueron desarrollados por los Laboratorios Bell en los años 40 en EE.UU. y se basan en un fenómeno físico bien documentado llamado efecto fotovoltaico por el que precisamente Albert Einstein ganó el premio Nobel de Física en 1921. A diferencia de los actuales, su rendimiento era muy bajo y su alto coste los hacía prohibitivos para su aplicación comercial. En la actualidad el coste de generación eléctrica solar fotovoltaica es muy competitivo con respecto a otras fuentes y es una buena opción para el desarrollo de la generación distribuida que es la que se genera al margen de las grandes centrales y próxima al punto de consumo, no estando en algunos casos interconectada con las redes de distribución.

La energía solar fotovoltaica se puede explotar en extensas instalaciones a base de paneles solares, llamadas “huertos solares”, ocupando en ocasiones varios cientos de hectáreas en zonas bien soleadas y poco pobladas y donde el terreno es abundante y barato (por ejemplo en la España vaciada) o en los tejados de edificios comerciales y residenciales tanto comunitarios como unifamiliares orientadas hacia el autoconsumo eléctrico. La Comisión Europea y los países miembros están implementando políticas para estimular este tipo de instalaciones por su beneficioso impacto económico y medioambiental. La potencia solar fotovoltaica total instalada en Europa es del orden de 140 GW de las que 47 GW corresponden a Alemania y 10 GW a España que es la que más está creciendo en los últimos años. En 2019 la producción de energía de origen solar representó el 4,4% de la total.

Existe otro tipo de aprovechamiento solar para la producción de calor para el uso de agua caliente sanitaria. En este momento, no dispongo de datos fiables en cuanto a su nivel de implantación. Dado que estas energías renovables tienen un alto componente de imprevisibilidad al depender de fenómenos atmosféricos, de la duración de la noche o del día, es preciso disponer de otras fuentes más convencionales de alta disponibilidad.

En los últimos 20 años se han construido una serie de centrales térmicas que utilizan gas natural como energía primaria y se conocen por sus siglas en inglés CCGT (Combined Cycle Gas Turbines) o plantas de Ciclo Combinado que son bastante compactas y muy eficientes por su alto rendimiento térmico al combinar una turbina de gas y otra de vapor en el mismo proceso. Además, sus emisiones son bastante bajas comparadas con los centrales térmicas tradicionales de carbón o de fuel-oil. La energía eléctrica producida en plantas térmicas convencionales tanto de gas como de carbón representó el 42,8 % de la total.

Como de noche no hay generación solar es muy importante que en el futuro se generalice la utilización de sistemas de generación solar con almacenamiento en baterías similares a las de los vehículos eléctricos. de 7 5 lunes, 11 de enero de 2021 La UE dispone también de un gran potencial de generación eléctrica en base a la utilización de biocombustibles (principalmente de residuos agropecuarios y de actividades forestales) que no solo actúan como fuente de energía sino que resuelven un gran problema de gestión de residuos que podrían ser de otro modo tóxicos o inflamables. La cogeneración es la transformación por la cual el calor excedente de ciertos procesos industriales es aprovechado para producir energía eléctrica para su uso en el proceso citado pudiendo incorporar a la red eléctrica el excedente cuando lo hubiera. En la actualidad la cogeneración en Europa es responsable de aproximadamente el 12% del consumo y se espera que este porcentaje se doble en 2030.

Existe un inmenso campo a explorar en el aprovechamiento del Hidrógeno (H2) y del Amoniaco (NH3) ya que en su combustión no se emiten gases de efecto invernadero y sus elementos químicos constitutivos son muy abundantes en la naturaleza. La gran dificultad técnica es que los procesos de obtención de estos combustibles (a partir del agua en el caso del hidrógeno y de la reacción de hidrógeno y nitrógeno más un catalizador en el del amoniaco) requieren una gran cantidad de energía eléctrica que es superior a la que nos cedería en su combustión posterior. Por ello, se parte de energía eléctrica de origen solar que se supone inagotable. El hidrógeno y el amoniaco podrán ser utilizados en el transporte terrestre, marítimo e incluso aéreo y en muchas actividades industriales aunque todavía está en una fase experimental. En la actualidad ya se comercializan automóviles que utilizan hidrógeno como fuente de energía y, aunque muy pocas, ya existen algunas estaciones de recarga de H2.

Por último, se está experimentando con un innovador tipo de combustible denominado sintético que es básicamente gas metano (CH4) y que se obtiene por la reacción de los gases CO2 (que es capturado normalmente en un proceso industrial como por ejemplo una refinería de petróleo) y H2 (obtenido por electrólisis del agua) además de un gran aporte de energía eléctrica de origen renovable. La combustión del metano va generar ciertamente más CO2 pero en ese proceso llamado CCS (Carbon dioxide Capture and Storage) está previsto su captura para volver a reutilizarlo.

En conclusión, la tecnología ofrece una serie de opciones, unas que son realidades en funcionamiento comercial y otras en fase de desarrollo y experimentación que he intentado describir en este escrito. La Unión Europea está firmemente comprometida a poner todo lo que está en su mano para que, a partir de estas opciones, se puedan alcanzar los objetivos de descarbonización y neutralidad climática en el 2050 como habíamos dicho anteriormente y que han aceptado todos los países miembros de la UE. Queda un largo camino y nos encontraremos con importantes dificultades de todo tipo porque la UE no está sola en el mundo y otras potencias no seguirán necesariamente el mismo camino y a lo mejor ven sus intereses amenazados. Pero el objetivo merece la pena. La gestión de la energía va a impulsar el desarrollo de otros sectores industriales, el urbanismo y la arquitectura, la agricultura, el transporte y hasta el mundo académico y educativo.

Mención especial merece el sector financiero ya que el desarrollo de estos proyectos va a requerir importantes necesidades de financiación tanto convencional (préstamos, obligaciones, etc..) como no convencional en forma de capital riesgo, seed capital, crowdfunding y otras. Aquellos países que dispongan de una mano de obra más cualificada y de profesionales competentes y con ciertas destrezas apropiadas para estos proyectos serán los que más se beneficien de estas iniciativas tanto publicas como privadas. Espero y deseo que en el camino hacia estos objetivos de descarbonización y neutralidad climática, Europa vaya construyendo una verdadera política energética común tal y como contempla el artículo 194 del Tratado de Funcionamiento de la UE (TFUE) de manera que seamos capaces de aprovechar conjuntamente todas la sinergias y ventajas que disponen los países miembros para garantizar a las próximas generaciones la existencia de un verdadero mercado común europeo de la energía, la seguridad del suministro, la eficiencia y ahorro energético y una real interconexión de las redes energéticas.

No podemos olvidar que en esta materia de la energía Europa es el faro del mundo y todos están fijando su atención en el progreso de nuestros programas y por eso, todos estos avances pueden ser exportados beneficiosamente a otros mercados y muy en particular a aquellos países en vías de desarrollo que puedan utilizar eficientemente sus recursos locales y cuya aplicación puede generar riqueza y bienestar que mitiguen los movimientos migratorios no regulados que están creando grandes dificultades y trastornos tanto a los países emisores como a los receptores de las migraciones.

Creo sinceramente que Euskadi se encuentra muy bien posicionado para ser un partner valioso en muchos de estos proyectos por su sólida cultura industrial, su experiencia de muchos años en proyectos europeos transnacionales y muy especialmente en el área energética, la existencia de grandes grupos empresariales tractores (Iberdrola, Petronor, Gamesa-Siemens, Corporación Mondragón por citar solo algunos), una eficiente red de Centros Tecnológicos con investigadores profesionales de primer nivel y unas administraciones públicas comprometidas, cercanas a las empresas y con planes industriales contrastados.

Nota explicativa: Para los que sean legos en la materia y les interese este tema, quisiera explicarles la diferencia entre potencia y energía ya que están íntimamente ligadas. La energía es una magnitud física muy intuitiva, que se mide en kilovatios-hora (kWh). Los seres vivos necesitan energía que es suministrada por los alimentos que comemos o por las reservas en nuestro organismo. Los motores de explosión o nuestros electrodomésticos no funcionarían sin energía bien sea calorífica o eléctrica. La potencia es la energía por unidad de tiempo. Leemos en la prensa que un atleta que corre 100 metros es muy potente o está dotado de gran potencia. ¿Por qué?. Pues porque desarrolla o consume una gran cantidad de energía en pocos segundos porque corre muy rápido y con una gran aceleración. Por el contrario, un corredor de maratón, es menos potente pero muy resistente pues recorre mucha más distancia pero en mucho más tiempo y lo más probable es que consuma más energía que el sprinter.

Trasladado al mundo eléctrico, varios parques eólicos onshore con una potencia total de 1.000 MW lo más seguro es que produzcan al final de año menos energía (medida en MWh) que una planta de Ciclo Combinado de 500 MW, porque los parques solo funcionan cuando hay viento mientras que la planta de CC puede funcionar sin apenas interrupciones. Si los aerogeneradores funcionaran 1.500 horas /año habrían producido 1.500.000 MWh (1.500 GWh) pero si el CC funcionara 6.000 horas habría generado 3.000.000 MWh (3.000 GWh). Por eso, en la actualidad y durante los próximos años o décadas, las energías renovables que dependen del agua, sol y viento deben de estar complementadas por otras fuentes tradicionales para garantizar la continuidad del suministro ante situaciones imprevistas como sequías prolongadas, ausencia de viento, etc..

Resumen de los datos de generación (año 2018) Nuclear 26% Fósiles sólidos 20% Gas Natural y gases de origen industrial 18% Hidráulica 13% Eólica 11% Resto renovables y residuos 6% Solar fotovoltaica 4% Petróleo 2% Resumen de los datos de potencia instalada (año 2018) Gas y Petróleo 43% Eólica 17% Hidráulica 16% Nuclear 12% Solar 11% Resto (geotérmica, mareomotriz, etc..) 1% 

Angel Orcajada – Socio de Eurgetxo

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