¿Qué queremos ser de mayores?

Conferencia sobre el futuro de Europa, ¿qué queremos ser de mayores?

Por fin ha sonado la señal de su lanzamiento con una declaración conjunta el 10 de marzo de los presidentes del Consejo, de la Comisión y del Parlamento Europeos. Y ya era hora, porque empezaban a surgir dudas sobre la posibilidad misma de su existencia.

Una hábil presidencia portuguesa en su semestre de presidencia rotatoria del Consejo ha conseguido desatascar un proyecto que estaba en ciernes desde 2019. Pero lo ha hecho en medio de una de las peores, si no la peor, crisis de la Unión desde su nacimiento en 1957. Y se ha pagado un precio, que no es nada simbólico. La conferencia se pondrá en marcha con un entramado de tres co-presidentes (Consejo, Comisión y Parlamento), un comité ejecutivo tripartito, una secretaría por definir, un grupo de observadores de otras instituciones, interlocutores sociales y un plenario que necesita también una mayor definición.

Demasiado aparato quizás para tomar la temperatura de la ciudadanía europea, que podrá expresarse en una plataforma digital multilingüe de la que se extraerán las conclusiones con ayuda de inteligencia artificial. Naturalmente, habrá también actos públicos que permitirán dar la palabra a instituciones de menor rango y a la sociedad civil europea. Pero ¿hay realmente voluntad de cambiar algo por parte de los Estados miembros?

De acuerdo, el Covid 19 ha sido un obstáculo formidable para avanzar antes. Pero sabemos que el freno de año y medio ha sido, en particular, por evitar dar la presidencia de la conferencia al Parlamento Europeo, y más concretamente al Sr. Verhofstadt considerado demasiado federalista (de hecho los británicos lo vetaron en su día para la presidencia de la Comisión cuando todos los demás estaban a favor). Se añade además el miedo lógico de algunos Estados miembros a que la conferencia derrape y termine como el proyecto de Constitución europea, que rechazaron los ciudadanos de Francia y Países Bajos después de la Convención de 2002.

Siendo hoy en día más potentes las tendencias centrífugas que cuando se buscó la gran ampliación de 2004, es improbable que vayamos hacia un cambio de los Tratados, salvo quizás en el sector de la sanidad por las acuciantes necesidades provocadas por la pandemia. O un refuerzo de los aspectos económicos que han dado luz a la mancomunidad de deuda para financiar las ayudas masivas de Next Generation EU, que deben todavía materializarse.

La combinación de la salida política de Merkel, la incertidumbre respecto a las elecciones presidenciales francesas y la posible prolongación de las crisis sanitaria y económica hacen que las conclusiones posibles de la Conferencia para 2022 estén de momento envueltas en una densa bruma.

¿Qué papel hay entonces en esta Conferencia para los ciudadanos europeos, que tienden cada vez más a refugiarse bajo el manto nacional? ¿O es sólo un juego entre instituciones?

¿Qué nos gustaría que saliera de la Conferencia?: ¿Más democracia institucional?, ¿refuerzo del Pilar de Derechos Sociales?, ¿defensa de los derechos fundamentales?, ¿soberanía digital europea?, ¿mayoría cualificada en política exterior y fiscalidad? ¿defensa contra los aspectos negativos de la globalización?, ¿políticas de promoción de la identidad europea, sobre todo en la educación?…

En definitiva, estamos posiblemente ante la última oportunidad para decidir, gobiernos y ciudadanos, qué queremos que sea Europa. Qué queremos ser de mayores.

Iñaki Bustamante (Socio de Eurgetxo)

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